Relatos de turistas

Una tarde en el arroyo

A la hora de la siesta decidimos no realizarla, pero si, en cambio, hacer algo que nunca habiamos hecho viviendo durante 10 largos años en Claromecó, pasear en bote por el Arroyo, claro... ahora estábamos relajados y paseando como simples turistas, lejos de la atención al turismo y aprovechando con todas las ganas de nuestras merecidas vacaciones.

No sabemos que hora es, y la verdad es que tampoco importa, lo único realmente importante es pasarla bien y gozar del entorno. En esta escursión se anotó mi esposa del Carmen y el más pequeño Erik, mi nombre es Andrés.

Llegamos a Puerto Mosquito donde somos bienvenidos por la amable atención de "Torcocho", Hugo Cortéz, persona a cargo del lugar, nos hace abordar una canoa totalmente segura, además de ofrecernos chalecos salvavidas para la travesía y una paleta doble de remos, de la cual me hago cargo en la popa de la canoa.

El hecho simple de estar sentados en la canoa ya genera una sensación distinta, no es que nunca haya remado, pero ahora veía los paisajes desde el punto opuesto, es simple, cuando cruzaba en auto sobre el puente que une Claromecó con Dunamar miraba hacia Puerto Mosquito, ahora estaba siendo alrevez.

Nuestro destino: la zona de las Cascadas, previamente Torcocho nos había adelando que la 1era. de las siente cascadas estaba oculta por el nivel alto del Arroyo, pero sin importar, hacia allí partimos.

Desde ese presiso momento todo fué distinto, todo era nuevo y bello, el silencio... la falta de ruidos generados por el hombre, excepto el entrar y salir el remo del agua, los cantos de las distintas aves, algunas más cercanas que otras, la brisa suave a nuestras espaldas ayudaba con el remo, aunque el mismo no generaban gran esfuerzo, la costa esta formada en su gran mayoría por matas de plantas Cortaderas, grandes y añejos eucaliptus y pinos, reconocemos un par de cabañas cercanas a la costa como el Complejo Rosahue y la propiedad del artista plástico local Caraduje ubicada en un sitio con vista única (me imagino que ha de ser un sitio ideal para la concentración y la inspiración de sus futuras obras).

Nos pegamos a una de las orillas siguiendo el curso del río, las Cola de Zorro acarician nuestras cabezas al pasar. En silecio pasamos de lado por las bollitas de la linea de un pescador, que sentado en su reposera disfruta de nuestra misma sensación solo que en forma estática.

Pequeños patos de pico amarillo y otra variedad más grande abundan por todos lados, más adelante en un pequeño islote podemos ver un ave más grande reposando en la hierba, nuestra presencia no la perturba, pero al estar casi a tres metros de ella, se levanta sin caminar, pero atenta a nuestro proceder, solo charlamos en vos baja y el clic de la cámara fotográfica buscando su objetivo. Tras una pequeña maniobra de un poco experto en remo, seguimos viaje a las cascadas, evidentemente nunca supimos donde se encontraba la primera de las mismas, ya que la altura del agua no nos permitió ubicar su sitio.

El paseo encontró su límite norte en la 2da. Cascada, donde nos fué imposible remontarla con una canoa grande y solo un remero, para la próxima tomaremos en alquiler kayaks individuales, el barranco de unos 6 metros de altura está lleno de cuevas desde donde el chillido de los Loros Barranqueros es como el parloteo de cientos de personas todas juntas en un ambiente cerrado.

El retorno fué relajado y sin agotamiento físico, por esa razón en vez de volver al puerto pasamos de largo y nos dirigimos a la desembocadura en el mar. Por el momento todo era similar a lo anterior, pero siempre distinto, simpre cambiante, al pasar por debajo del puente Erik jugó con su propio eco creando un ambiente cerrado dentro de uno totalmente abierto.

Nuestra fascinacion al ver las Lisas saltar del agua, es increible y totalmente pintoreco, matas completas de Cola de Zorro y su reflejo en el espejo de la superficie del agua solo quebrado por el salto esporádico de una Lisa, simplemente genial!

A nuestra izquierda el Club Náutico con su cuidada y delicada ribera de césped que invita a tomar una siesta bajo sus sauces, más adelante, también sobre la margen izquierda un espléndido parque y amarras privados nos dejan boquiabiertos de tanta belleza. Por detras de ellos y sobre la Calle 7 vemos el Complejo de Las Cabañas de La Reserva del querido Oscar Vieito.

Como última referencia pasamos bajo el puente colgante peatonal y viramos frente a la Pileta del Tucu y las maravillosas propiedades de Lina y Tachi, envueltas en una acolchonada mata de enredaderas, con sus vistas únicas hacia la desembocadura del Arroyo en el mar. La brisa que en un principio nos sirvió de ayuda ahora nos retenía, simplemente volvimos a Puerto Mosquito acompañados de incontables Lisas en sus saltos de alegría.

Al acercarnos a Puerto Mosquito notamos la particular belleza de su entorno, la pulcritud del ambiente, la prolijidad de su césped, las ramas de sauces acariciando la superficie del agua.

Que sitio ideal para compartir un mate o una bebida fresca en familia o con amigos, sentados contemplando el ir y venir del espejo de agua... Que maravilla!

No dejen de conocer este sitio, poder apreciar su belleza desborda el alma y hace que cada instante se transforme en inolvidable.

Como dato curioso, del Carmen (Mi esposa) tomó 152 fotos.