Etimología

Dos acepciones aunque con el mismo origen, araucano, dicen: K'la-Rome-Có, significa triple agua, literalmente tres arroyos, y en segundo término se descompone de la siguiente forma: Kula o K'la (tres), Rome (junquillo) y Kó (agua), querría decir Tres arroyos con junquillos.

Primeros habitantes

La zona que hoy ocupa el balneario fue en sus orígenes más remotos residencia de las tribus Puelches y Moluches, a estos moradores paleolíticos según recientes estudios arqueológicos se les asigna una antigüedad de 13.000 años. Esta radicación fue realizada en forma discontinua dado el grado de evolución que caracteriza a estos grupos étnicos.

Se los clasifica en dos castas diferentes por su modo de vida, unos labradores, cultivaban para alimentarse, y los otros cazadores; los primeros de carácter relativamente sedentario, y los últimos errantes y nómades, que indudablemente es el grupo que pobló estas costas, mudando cuando escaseaba el alimento.

Las excavaciones realizadas al sur del Arroyo Claromecó han brindado instrumentos de piedra y restos humanos, que denotan la existencia de un cementerio indígena. Esta cantidad y diversidad de elementos hallados denota la presencia de un grupo de residencia permanente que posiblemente realizaba sus cacerías por el litoral marítimo manteniendo su asiento en una toldería ubicada en la ribera del río.

Esta hipótesis del asentamiento se funda en las ventajas que caracterizan a la ecología regional, la suavidad del clima marítimo, la abundancia de pastos naturales, la permanente dotación de agua y las posibilidades ilimitadas de subsistencia a expensas de la caza. En condiciones de vida tan favorables es lógico que haya podido radicarse y perpetuarse una tribu primitiva, tributaria seguramente de los núcleos Araucanos que periódicamente emigraban desde la Cordillera.

Texto obtenido de "CLAROMECÓ 1920-1970" de Héctor T. Izaguirre

Viajeros y exploradores

Los jesuitas fueron los precursores de la colonización bonaerense. Si bien no lograron establecerse definitivamente, a ellos se debe la fundación de los primeros pueblos. "Cuando los españoles apenas se atrevían a cruzar el río Matanzas ya habían los jesuitas establecido cuatro pueblos hasta cuatrocientos quilómetros al sur de la ciudad de Buenos Aires". Entre esos jesuitas y en la Misión al río del Sauce, el padre José Cardiel en el año 1748 pasó por el lugar que actualmente ocupa el balneario.

Desde esa fecha y hasta el año 1823 este sitio no fuevisitado por el hombre blanco, cuando en este año el gobierno de la Provincia de Buenos Aires encomendó a Jaime Montoro una expedición "destinada a la descubierta de las costas desde el Cabo San Antonio a la Bahía Blanca". Esta comisión fue realizada en la goleta norteamericana Río, capitaneada por Roberto Pulsifer, y tenía por objeto práctico el reconocimiento de la costa para el mejor desenvolvimiento de la navegación. El móvil del viaje hace suponer que la expedición debió recorrer la zona del balneario Claromecó.

En 1825 el Gobernador de Buenos Aires, general Las Heras, nombró comisionado plenipotenciario ante los indios a Juan Manuel de Rosas. Este debía tratar la paz con aquéllos, trazar una línea de frontera y construir un fuerte en la Bahía Blanca.

El futuro Restaurador parlamentó con los caciques y capitanejos en el Tan-lil. Resultado: se trazó la línea de frontera que iba desde el Potroso (Tandil) hasta la altura del cabo Corrientes, sobre el Océano Atlántico.

Al sobrevenir la guerra con el Brasil renació la idea de fundar un fuerte en la Bahía Blanca. El Gobernador Dorrego confirmó a Rosas en el cargo de Comisionado y Comandante de las Milicias de la Campaña.

Rosas prepara durante tres años la expedición fundadora de Bahía Blanca. Hace dibujar el plano de la nueva población, nombra el comisario general de la misma, contrata marineros y carreteros, etc. Al coronel Juan Ramón Estomba se le encomienda la construcción de la nueva fortaleza.

Estomba sale de Buenos Aires y siete días antes que llegue a destino, el 1º de abril de 1828, reemplaza a Rosas como comisionado, ya que éste en pugna con el gobierno renuncia a su cargo. En esta forma el coronel Estomba erige la Fortaleza Protectora Argentina (hoy ciudad de Bahía Blanca).

El ingeniero Domingo Pronsato dice que Estomba llegó al referido lugar "luego de haber seguido un camino desde Tandil muy cercano a la costa pasando por el Cristiano Muerto, Claromecó, Paso del Médano, Paso de las Oscuras y Loma Negra frente al estuario...".

El coronel Juan Ramón Estomba, ejecutor material de la fundación de Bahía Blanca, debió cruzar el arroyo Claromecó a corta distancia del actual balneario homónimo.

Transcurren algunos años hasta que otra expedición aviste el lugar. En 1832 pasan, costeando el Océano Atlántico, los capitanes Parker King y Roberto Fitz Roy que conducen al célebre naturalista Carlos Darwin.

Fitz Roy, dice Julio A. Muzzio, era "Marino y astrónomo. Nació en Inglaterra, en junio de 1805. En 1819 ingresó en la marina. En 1828 realizó con el capitán King la exploración hidrográfica de la parte austral de América; recorrió en los años 1831 a 1836 las costas patagónicas en la fragata Beagle. Falleció en 1865".

Desde entonces al amparo del Fuerte Independencia (Tandil) y la Fortaleza Protectora Argentina (Bahía Blanca) se nota el arribo de los primeros colonos a la zona que nos ocupa.

El primer agrimensor que midió terrenos que posteriormente serán parte del balneario Claromecó, fue Raymundo Prat, el 14 de enero de 1836. La mensura correspondió al terreno concedido en enfiteusis a Francisco Rodríguez de Socas o a Luís Benito Boado, sobre el arroyo Claromecó.

"Yo el Agrimensor público que suscribe -dice Prat-, habiendo sido comisionado por el superior Gobierno para medir y amojonar el terreno que fue concedido en enfiteusis a don Francisco Rodríguez Socas, en el paraje arriba citado, o a don Luís Benito Boado; a cuyo expediente, que me ha pasado el Departamento Topográfico con fecha 13 de Junio de dicho año, resulta estar en coincidencia ambas denuncias, o sea uno mismo el terreno medido y denunciado por los SS. Rodríguez y Boado, aunque con datos diferentes".

Prat refiere luego cómo Llegó en la medición hasta la desembocadura del Claromecó en el Atlántico: "Siendo bastante difícil medir sobre la playa, a causa de los médanos de arena casi intransitables, volví al mojón esquinero de Albarellos (esto es, el últimamente hallado) y puesto el rumbo N.O. corregido a la variación dicha medí 6000 varas; después cuadré al S.O., y a la distancia de 10400 varas di con el arroyo denominado Claromecó: de este punto puse el rumbo de S. 30º E. de la aguja y a las 1200 varas di con la desembocadura del arroyo Claromecó al mar"

La diligencia de mensura realizada para Miguel Rivera por el agrimensor Glade en 1864, afirma que: "En 14 de Diciembre de 1860. El Departamento Topográfico informó que el terreno pedido por Don Miguel Rivera era de propiedad publica y había sido medido en el año 1835 para Don Francisco Rodrigues de Socas que el Departamento no sabía que sobre este terreno hubiese recaído otra solicitud que la del interesado por lo que no aprecia dificultad en que ella fuese admitida bajo las condiciones de mensura y sin perjuicio de terceros".

También en la misma diligencia Glade expresa: Rivera "Dice... que el terreno que solicita arrendar ha sido conocido antes como enfiteusis de Rodrigues ó Boado".

Cabe destacar entonces que en el año 1835 se habían establecido los primeros colonos. ¿Rodríguez de Socas? ¿Boado? ¿Los dos simultáneamente o uno con posterioridad al otro? ¿O simplemente fue una mera petición? Lo cierto es que hay pruebas de afincamiento a favor de Boado. Respecto de Rodríguez de Socas cabe suponer lo contrario, pues la mensura realizada para Rivera indica que simplemente hizo un pedido de enfiteusis. En cuanto a Boado a fs. 2 de la mencionada diligencia se afirma que en el año 1835 fue medida para él una extensión de trece leguas y esto figura en los Registros Gráficos de 1853 y 1857.

"Está perfectamente documentado -dice Romeo que con anterioridad a 1850 había población en varios parajes de los Tres Arroyos. Un meduloso informe del Coronel Edecán del Valle, que ya hemos mencionado anteriormente, y que fuera elevado a Rosas, manifestaba "que la población se extendía va, no sólo hasta el Cristiano Muerto, sino por ambas márgenes en todos los arroyos, hasta Bahía Blanca...".

En esta forma queda probada la existencia de pobladores, entre 1835 y 1857, en las tierras que formarán parte de la estancia San Francisco.

En el año 1864 se produce la petición de Rivera a que aludíamos, haciendo lo propio Fermín Uriarte, Francisco Vivas y Leandro Noriega. Todos argumentan que las tierras que solicitan son de propiedad pública. En el caso de Rivera vimos el informe del Departamento Topográfico de fecha 14 de diciembre de 1860, que afirma el carácter público del terreno y "no aprecia dificultad" para admitir la solicitud del referido colono. Dice "sin perjuicio de terceros", pero estas palabras, comparadas con el sentido de las precedentes, no hacen pensar en la existencia de ocupantes si no en una mera fórmula administrativa. Por ello cabe afirmar que entre 1857 y 1860 Boado dejó estas tierras.

El agrimensor Carlos Glade, al realizar las mensuras para Rivera, Vivas y Noriega se convierte en el nuevo visitante de los parajes del actual balneario Claromecó.

Veamos la descripción que nos hace del lugar en el año 1864: "En seguida traté de determinar 1a distancia hasta la costa de1 Mar pero bien pronto me convencí de 1a imposibilidad de medir ó de triangular pues estos médanos son grandes morones de arena movediza cortados por hondos huecos y las quebradas son tan rápidas y frecuentes que la medición á pie sería impracticable, no pudiéndose tampoco triangular á causa de 1a grande altura de los medanos que no permite ver ningún punto de la costa desde el terreno llano donde se podría establecer una base".

A continuación, el referido profesional, reitera las dificultades que le plantea el medio ambiente: ". . . haciéndose el terreno -dice- cada vez más intransitable para la medición, a causa de los pastizales y juncales que siguen por la orilla del médano".

Glade también realiza en la referida diligencia una esquemática descripción de la desembocadura del arroyo Claromecó en el Atlántico. "...Deseando determinar la distancia hasta el Mar -expresa- cuadré al Sud catorce grados veintinueve minutos Este y por una línea muy aproximada al Arroyo medí con bastante dificultad á causa de los medanos que llegan hasta él dos mil seiscientos cincuenta varas (2294,8 mt.) hasta la entrada del Claromecó en el Mar penetrando la línea casi por, el Centro de la boca del Arroyo QUE ES UNA PLAYA BASTANTE ANCHA"

A partir de entonces la comarca del actual Claromecó se incorpora a la civilización. Nada ha cambiado desde la época de Cardiel, Strobel, Falkner, Estomba. Es el mismo desierto, con la sola diferencia que ahora es patrimonio formal del blanco. Son varios miles de hectáreas por las que transita más el indio que el criollo; pero el primero es nómada y el segundo sedentario; el número será doblegado por la continuidad en el esfuerzo y el espíritu de lucha del segundo. Así sucederán a los Rivera, a los Vivas, a los Noriega, a los Uriarte, propulsores de la colonización, los Lefrançois, los Jonas, los Massini, los Rodríguez Larreta, los Bellocq, empeñados en consolidar la fecundidad de estos campos por la senda del trabajo y del progreso.

Texto obtenido de "ASI NACIO CLAROMECO" de Alonso Isidro Nieto.

Antecedentes de la fundación

A mediados de 1883, Juan Bellocq compra a Enrique Rodríguez Larreta, en representación de su hermano Guillermo, un campo de varios miles de hectáreas, dentro de las cuales se halla el balneario, en el Bellocq fundó posteriormente la Estancia San Francisco, la que pasó, dos años después, al fallecer este, a sus hijos Juan, Carlos, Vicente, Toribio, Eduardo y Teodoro. En ese entonces había pocas plantaciones, y fue Juan bellocq (hijo) quien en 1905, dio comienzo al extenso monte de la estancia, continuándolo su hermano Carlos hacia el camino que lleva al balneario.

Este campo estaba dividido en 21 lotes, dentro de los cuales se hallaban 13 puestos, ranchos de adobe techados con chapa o paja. Las construcciones que integraban el casco de la estancia, que aún existen como testimonio de historia viva, estaban hechas de material, especialmente diseñados para aguantar los malones, en caso que se repitieran, ya que el peligro no se había aventado completamente. En ese entonces por medio de chatas que había en la estancia, se traían artículos de almacén y vituallas necesarias para mantener las reservas de la despensa, y satisfacer las necesidades de la población de la estancia de san Francisco y por consecuencia del Balneario Claromecó. La cita que hemos efectuado, de este establecimiento, no obedece a un deseo arbitrario, es justicia hacerlo ya que indudablemente, no se puede mencionar a Claromecó, sin tener en cuenta este antecedente, al cual el lugar está íntimamente ligado.

En 1919 la familia Bellocq, teniendo en cuenta la importancia que había adquirido el lugar como centro balneario, hizo una proposición al Ministro de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires proponiendo la formación del pueblo del Balneario Claromecó y como encargado de la mensura al ingeniero Arsenio Bergallo, nombramiento que se concretó el 24 de enero de 1920. Este procedió de inmediato, al amojonamiento del perímetro general del pueblo, como así también de una reserva para los propietarios, concluyendo su trabajo el 15 de Marzo del mismo año, y que fue aceptado el 30 de junio en todos sus términos. El 31 de julio, el gobierno ordena la escrituración de las reservas, dando carácter definitivo al replanteo realizado. No obstante, un nuevo decreto, dictado el 30 de septiembre, ratifica lo actuado.

En cuanto a los terrenos públicos, la familia Bellocq asignó en el replanteo las siguientes reservas: casa municipal, iglesia, juzgado de paz y registro civil, valuación, telégrafo provincial, comisaría de policía, mataderos, hospital, plaza principal, plaza, cementerio y casa para el cura, con un total de 161.264 metros con 750 centímetros.

El trazado de Claromecó es de esta forma poligonal. Comprendía en el momento de su fundación (9 de Noviembre de 1920) 21 manzanas con una superficie de 16 hectáreas, 68 áreas y 59,97 centiáreas; 28 quintas de 121 Hs., 29 A, 27,02 Ca.; la superficie de ochavas es de 4 A, 32,84 Ca.. El total de superficie, agregando la comprendida por la reserva, es de 514 Hs., 59 A, 2,79 Ca.

Galería de antaño
1915 :: Chata de transporte
1930 :: Hotel Claromecó
1948 :: Hotel Brisas
1939 :: Christian y sus galgos
1960 :: Anibal Paz en su bar
Inauguración del reloj
Escuela Nº 11
1950 :: Barca de pesca
Hotel Royal
Regreso de la pesca
Regreso de la pesca
Tiburón Peregrino 1800 Kg.
Tiburón de 180 kg.
Wila
El Buho
1953 :: Guardavidas